Elisabet Santana Sosa

 
Julia enferma suplicaba
a la muerte que se la llevara.
A su hermana sin piedad mató,
le había robado a su gran amor.

Su conciencia le pesaba
tanto que ya no aguantaba
vivir con ese dolor.

Una noche en la que resaba
la muerte se le apareció.
No tenía miedo alguno
pues un Dios le pareció.

La sombra quieta esperaba
que diese el último suspiro
para llevarla a un lugar
y recibiese su castigo.
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